ACONCAGUA, LAS GANAS DE UNA SÚPER MONTAÑA

La trail runner Fernanda Maciel (Brasil) consiguió un logro sin precedentes en el ascenso y descenso del Aconcagua (6.962 m), la cima más alta de la cordillera Frontal, en 22 horas y 52 minutos. Este récord la consagra como la primera mujer en recorrer esta montaña en menos de un día.

Para Fernanda éste fue su tercer intento corriendo el Aconcagua. En la primavera de 2015, Fernanda intentó alcanzar este récord pero, desgraciadamente, las difíciles condiciones meteorológicas evitaron que lo consiguiera. Esta vez, Fernanda comenzó su carrera desde la entrada al Parque Provincial del Aconcagua a las 23:10 h del 20 de febrero de 2016 y completó los 80 km de travesía, con más de 3.500 m de elevación, el día siguiente. Las condiciones que se registraron en el Aconcagua fueron todo un desafío de nieve, hielo y viento que soplaba a más de 70 km/h. Además, Fernanda lo hizo sin oxígeno suplementario, lo que hace que correr en esa altitud sea aún más complicado.

Este éxito es la recompensa a la tenacidad y resistencia de Fernanda por no dejar de intentarlo.

PALABRAS DE FERNANDA

Quizás para los alpinistas sea un reto fácil pero para mí ha sido muy difícil y he tenido que entrenar mucho en altura. Durante el mes de diciembre entrené la fuerza y la velocidad. Ya en enero dichos entrenos los realicé en la montaña. Los entrenamientos psicológicos también han sido importantes como, por ejemplo, acostumbrarme a las malas sensaciones que se sufren a gran altura.

Realicé cuatro entrenos en Vallecitos, un valle precioso situado por detrás del Aconcagua, y luego estuve siete días dentro del parque. En mi primer intento no lo logré, así que volví a la montaña para hacer tres días más de entreno y luego hice la cumbre desde el Campo Base y regresé a él. Después, las condiciones climatológicas seguían siendo malas. Decidí volver a Brasil para recuperar fuerzas y trabajar, y después de 10 días, me planté de nuevo en el Parque Aconcagua. Hice tres entrenos y esta vez lo logré en un tiempo total de 22 h 52 min (ascenso y descenso). En total fueron diecisiete entrenos en altura.

Este año creo que tenía más experiencia y conocimiento de la montaña a pesar de que la situación era complicada por las avalanchas de barro, piedras, gran cantidad de nieve y hielo, así como también por los fuertes vientos. Esta vez me sentía fuerte con salud y, además, mi cabeza estaba preparada. ¡Mi motivación era enorme!

Durante mi primer intento, los guardas del parque me prohibieron correr porque había muchas avalanchas de barro y piedra desde los 3.000 hasta los 4.000 metros. Nicolás, gran corredor que me acompañaría hacia la cumbre, me explicaba que había algún lugar donde sí podía encontrarme avalanchas. Al final, después de mucho estrés y discusión, los guardas me dieron el permiso para entrar en el parque y empezar a correr. Cruzar las avalanchas durante la noche fue muy duro y, cuando llegué al Campo Base, mi cabeza estaba agotada. Al subir a los 5.500 metros, iba sin fuerzas y tenía demasiado frío. Mis dedos de las manos ya estaban congelados y mi cabeza estaba a punto de explotar. Al llegar a los 5.900 metros de altura, no podía más con tanto dolor de cabeza y mi ritmo de andar era muy bajo. Con ese ritmo lento en altura no hubiese llegado a tiempo (hasta a las 17 h) a la cima, así que decidí bajar.

En cambio, el año pasado el panorama fue totalmente distinto porque las condiciones de la montaña eran perfectas. El problema fue que estaba enferma, constipada con inflamaciones en la garganta y el pulmón.

Durante mi reto, concretamente desde Horcones, la puerta del parque (situado a 2.850 metros), hasta la Plaza de Mulas/Campo Base (situado a 4.300 metros), este recorrido lo realicé sin soporte alguno. Evidentemente en el Campo Base tenía agua, comida y alguna prenda de ropa. Una vez en la Plaza de Mulas, me encontré con Cabeza, porteador y amigo, que me acompañó hasta la cumbre y regresamos al Campo Base juntos. Desde el Campo Base hasta la puerta del parque, fueron tramos nocturnos que realicé completamente sola.

En cuanto a la alimentación, prácticamente no comí nada porque en altura es muy complicado comer adecuadamente. Tiré de gominolas, frutos secos como cacahuetes, chocolate negro y trocitos pequeños de pan… Té y agua caliente.

Y en cuanto a la ropa utilizada, destacaría las mallas y mochila Compressport, chaqueta Thermoball, chaqueta de pluma gorda, pantalón y chaqueta de Gore-Tex, segunda piel, guantes y gorro, todo de The North Face. Y un spot (satélite personal) y una radio para comunicarme por si me pasaba alguna cosa durante la noche y madrugada, ya que estos tramos los realicé totalmente sola.

Durante mi ascenso, me he encontré con algunos alpinistas que gritaban mi nombre para darme ánimos. No los conocía de nada pero ellos sabían que yo venía corriendo desde Horcones, la puerta del parque, y sinceramente esos gritos me animaron a seguir adelante.

Para mí ha sido un sueño convertido en realidad. He tenido muchos problemas externos e internos con este desafío pero finalmente ha sido un éxito. Reto logrado y con mucha felicidad. Una bonita experiencia para llevarla dentro de mi corazón para toda la vida. Lograr el récord (tiempo) es tan solo la excusa para hacer más duro y emotivo un camino que quieres recorrer, que quieres lograr. Los dígitos de un tiempo concreto no son nada, porque mañana será otra chica quien lo intentará y lo superará. Si las condiciones climatológicas son mejores, sin tanto viento, hielo o nieve, se podrá bajar ese tiempo.

Para todo hay una historia y una aventura, y esto es lo que me encanta realmente.

Me gustaría dar las gracias a Dios, a la montaña Aconcagua, a mis seguidores que me motivan y a todos estos hombres: Delmar (mi padre), Depa (mi entrenador), Cabeza, Osky Tello, Rubén, Stan, Fernando Grajales, Leo Murgel, Nicolás Miranda, Tendi Sherpa, Marcos Mala y Gabriel Capitão.

PALABRAS DE SU ENTRENADOR DEPA

Fernanda Maciel, ella es así

“Tranquilo jefe, todo va bien, estoy muy feliz. Muchas gracias por estar ahí”.

Cuando alguien me pregunta sobre cómo es Fernanda Maciel como deportista, desde el punto de vista de entrenador, casi siempre respondo tomando prestadas estas palabras suyas que aquí transcribo entrecomilladas.

Es positiva por naturaleza y lo mejor de todo es que lo contagia y lo transmite. Fernanda es así.

El año pasado estuvimos juntos preparando el asalto al récord de subir y bajar corriendo al Aconcagua, la cima más alta de América y también la mayor altura del planeta lejos de las grandes cordilleras asiáticas. Era un proyecto ambicioso al que nos enfrentábamos con poca experiencia y menos literatura ya que ninguna mujer lo había conseguido hasta entonces. En la recta final del proyecto tuve la suerte de poder acompañar a Fernanda durante su aclimatación en altura dentro del Parque del Aconcagua y también en los dos intentos (porque se quedaron en eso, en meros intentos) por llegar a la cumbre.

Aquel mes de enero, aquellos días en Argentina fueron especialmente duros. Cualquiera que haya estado viviendo en altura y expuesto a los rigores de montañas tan altas como las de la cordillera andina sabe a lo que me refiero. Cualquier función física y fisiológica, desplazamiento, actividad normal y cotidiana, como la de vestirse sin ir más lejos, etc. se ven comprometidos de forma considerable por el factor altitud. Si a esto añadimos que todo nuestro trabajo de meses no llegó a buen puerto y que todas nuestras ilusiones, o lo que pudimos salvar de ellas, tuvimos que volver a empaquetarlas y guardarlas en la mochila para quién sabe cuándo, la resultante final que contaba con más posibilidades de adueñarse del proyecto era la de haber arrojado la toalla y ponerse a pensar y a buscar otros retos, otras emociones lejos del traicionero “Centinela de Piedra” (así se conoce al Cerro Aconcagua en la mitología popular andina). Nada de eso ocurrió. Fernanda es así.

Desde el mismo momento en el que decidimos que no iba a poder ser, desde el instante en el que ella descendió del helicóptero que la evacuó del campo base en Plaza de Mulas, desde ese primer abrazo, yo sabía que lo iba a conseguir; no tenía ninguna duda de que la brasileña sería una mujer (quizá no la primera) que cumpliría con el reto de subir y bajar esa montaña de casi 7.000 metros por sus propios medios y en el menor tiempo posible, en menos de 24 horas.

Hace tan sólo unos meses parecía que la historia se volvía a repetir, en este caso yo viéndolo y siguiéndolo mucho más cómodamente desde casa pero con la congoja que da saber exactamente lo que estaba pasando a cada momento del camino en ese intento de récord. De nuevo, otro intento fallido. Y otro más… Y yo, me hubiera vuelto a casa y me hubiera olvidado para siempre de aquellas montañas, de sus acarreos eternos, del polvo de lija que te seca hasta las meninges, de la tiranía de un viento que no da tregua… Pero ella no; si alguna vez el paso que da es para atrás, no os quepa la menor duda que la justificación es la de coger mayor impulso para lanzarse con más fuerza hacia arriba. Al final, lo consiguió, logró el objetivo por el que tanto había luchado y en el que tanta ilusión habíamos puesto; no fue una sorpresa, la verdad es que conociéndola no podía haber sido de otra manera… Fernanda es así.

Fotografías de Gustavo Cherro/Red Bull Content Pool