YOGA, SUS BENEFICIOS PARA L@S RUNNERS

YOGA, SUS BENEFICIOS PARA L@S RUNNERS

Se ha escrito mucho ya sobre los beneficios tangibles que el yoga ofrece a los atletas: flexibilidad, elasticidad, equilibrio, fortaleza,… Podemos entrar en detalle hablando de la fisiología del corredor y de cómo el yoga ayuda a mejorar su rendimiento. Pero toda esta información, al final nos llevará a revelar algo más esencial.YogaEl principal beneficio que encontramos al complementar el running con el yoga es: sentir el placer de correr en total armonía con el cuerpo.

Y esto nos lleva indiscutiblemente a conseguir el principal objetivo que todo corredor se plantea, o debería hacer, cuando empieza a correr: ¡disfrutar en todo momento!

Disfrutar corriendo y correr para disfrutar. Por desgracia es algo que olvidamos a menudo, sobretodo cuando empezamos a entrar en la dinámica de entrenamientos y carreras, donde fácilmente podemos caer en el exceso de presión, en la obsesión y por tanto en el stress. Todo lo que irónicamente estábamos intentando abandonar cuando, como aficionados, decidimos empezar a correr. No olvidemos que casi todo el mundo que empieza a correr o a practicar yoga lo hace intentado encontrar un refugio, un espacio, un momento, para escapar del stress que comporta la vida de esta sociedad moderna: las obligaciones, la competitividad, la presión, el sedentarismo,…

Seguramente muchos ya habréis oído hablar de los Tarahumara (Rarámuri), la tribu que vive en las Barrancas del Cobre de la Sierra Madre en Mexico, considerados los mejores corredores del mundo, que pasaron a la escena pública desde que Christopher McDougall escribió su libro “Nacidos para correr” y con quien Scott Jurek, leyenda viva de las carreras de ultrafondo, compartió algunos kilómetros.

Pues bien, me gusta recordar las palabras del propio Jurek en su libro “Correr, comer, vivir” cuando describe su experiencia con ellos:

(…) Y entonces se me hizo la luz, ya sabia cual era el secreto de los tarahumaras: que no se preparaban para las carreras. No corrían para ganar o para conseguir medallas. Comían y corrían para sobrevivir. Para llegar a algún sitio, utilizaban las piernas. Para utilizar las piernas, tenían que estar sanos.

(…) El segundo gran secreto –que intento tener presente cada día- es que, mientras los tarahumaras corren para desplazarse de un punto a otro, mientras corren, viajan a un espacio más allá de la geografía y más allá de los cinco sentidos.

(…) Corren –y viven- con mucha eficiencia, sin pensamientos innecesarios.

(…) Quizás es pretencioso por mi parte explicar aquello que los mismos tarahumaras no explican, pero mientras estaba con ellos no podía evitar sentir que experimentaban una paz y una serenidad que, gracias al hecho de correr y de llevar una vida sencilla, les permitía acceder a un estado vital, un espacio, un “sexto sentido” en el cual estaban en contacto con el mundo en su forma más pura. Aquel era el espacio que yo llevaba tanto tiempo buscando.

(…) Están mucho más sintonizados con sus cuerpos y su entorno; saben cosas que nosotros hemos olvidado, con todos nuestros cronómetros, alimentos energéticos y modernísimas zapatillas para correr.”

Así pues, tal y como describía también Christopher McDougall, los Tarahumara son los mejores corredores del mundo porque corren para ser felices y porque son felices cuando corren.

Nosotros, los occidentales “civilizados y modernos”, hemos perdido esta conexión primitiva, natural y esencial con el entorno y con nosotros mismos, y el yoga es una gran técnica que nos permite reencontrarla.

Mientras practicamos yoga, aprendemos a sintonizar con nuestro cuerpo, a observarlo y escucharlo con plena consciencia y a coordinar cada movimiento con la respiración.

Una de las claves del trabajo en las posturas de yoga es sentir donde se encuentra nuestro centro de gravedad en cada momento, para buscar el máximo ahorro energético. Es decir, buscar la máxima comodidad dentro de la intensidad de la postura.

Dicho de otra forma, es como si hiciéramos un escaneo de todo nuestro cuerpo para advertir que músculos deben estar activos y cuales se pueden relajar, incluso podríamos “apagar” algunos sentidos, con el ahorro energético que también eso supone. Normalmente no somos conscientes de la cantidad de energía que malgastamos en estados de tensión que no son necesarios: apretando la mandíbula, encogiendo los hombros y manteniéndolos en tensión, apretando los puños, manteniendo excesiva rigidez en el cuello, en las lumbares o en la pelvis…

Durante la práctica de yoga aprendemos a focalizar los puntos donde nuestro cuerpo requiere de cierta presión, tensión o fuerza, mientras compensamos y liberamos al resto del cuerpo, dándole armonía a todo el conjunto. Y a esto le sumaremos la coordinación de cada movimiento con la respiración y a la toma de consciencia de cómo ésta actúa en beneficio del cuerpo.

Si conseguimos instalar este mecanismo en nuestra mente, lo aplicaremos también mientras corremos y nos ayudará a mantener siempre una postura y un estado mental adecuado. Correremos en armonía, conscientes de la intensidad requerida, aplicando la fuerza, la tensión y la presión adecuada en cada movimiento, pero al mismo tiempo liberando todas aquellas partes de nuestro cuerpo que pueden relajarse, lo que aporta esa sensación de fluidez y ligereza, que deriva en un gran ahorro energético. Este estado de atención plena nos llevará a conocer mejor nuestro cuerpo y por tanto nos dará también la oportunidad de aprender a gestionar mejor nuestra energía y nuestros recursos. Algo que nos será de gran ayuda y valor si nos dedicamos a correr largas distancias, ya que el saber dosificarnos ganará en importancia. Básicamente es algo tan sencillo, pero tan complicado a la vez, como saber escuchar a nuestro cuerpo y hacerle caso.

Además de darnos la posibilidad de sentir como podemos correr en total armonía con nuestro cuerpo y ayudarnos por tanto a ser más felices, el yoga nos proporciona también unos beneficios más tangibles para los corredores: flexibilidad, elasticidad, equilibrio, fortaleza física y mental, técnicas de respiración, evitar lesiones…

Aunque alguien no llegue nunca a tocarse los dedos de los pies haciendo una postura, el hecho de ganar flexibilidad, equilibrio y fortaleza en todo el cuerpo mejorará siempre su estado de forma, eficiencia y potencial. Y aunque no se consiga hacer las posturas perfectamente, el acercamiento del yoga al autoconocimiento y al tener consciencia y cuidado de la respiración, mejorará seguro la capacidad de concentración mental y la resistencia, que al final son factores intangibles que se vuelven muy importantes al final de una larga sesión de entreno o de una carrera.

La práctica de assana (posturas) y de pranayama (control de la respiración), juntamente con la concentración mental y la aportación espiritual que hace el yoga, pueden enseñar a integrar el cuerpo, la respiración y la mente para mantenerse focalizados y en calma incluso delante de la intensidad del esfuerzo físico o de un estado de alteración emocional. Esta será una habilidad que nos servirá en todos los aspectos de la vida, ya sea entrenando, compitiendo, pero también trabajando o en las relaciones personales.

¡Si somos más felices correremos mejor y si corremos mejor seremos más felices!

Ricard Sarrate