MIGUEL CABALLERO Y SU PARTICIPACIÓN EN EL CAMPEONATO DE ESPAÑA – ORENSE

En principio toda esta información cuando me llega este invierno me hace casi descartar acudir a la cita, pues, por un lado cae muy cerca del final de la temporada invernal y por otro cae muy lejos.

Todo este análisis lo hago antes de empezar a correr en Borriol en Marzo. Comienzo con muy buenas sensaciones luego viene Cuenca, que decir, la primera de Copa de España y mejores sensaciones  aún esto pinta bien, quizá por el esfuerzo hecho. La semana siguiente en Oturia no me va todo lo bien que esperaba pero termino contento pues voy consolidando mi plaza en la Selección para los Skygames.

Esto me sitúa a título personal, como uno de los favoritos a alzarme con tan preciado título de Campeón de España, motivación y fuerzas combinadas un porcentaje muy alto y equilibrado.

El viaje como se prevé, se hace largo, pero voy con los compis de selección y esto lo hace más divertido y dinámico. Al llegar directamente al briefing, vuelven los saludos, los comentarios  ácidos en alguna ocasión con respecto al rendimiento del día siguiente. Al fin y al cabo todos somos muy competitivos. También tengo la suerte de estar acompañado de mis padres, se han acercado a verme y siendo el domingo el día de la Madre… que mejor regalo ¿no?

Las lluvias de toda la semana no dejan lugar a dudar sobre la información que nos dan en la reunión técnica, agua por todo el recorrido, barro, en fin me abrocharé bien las zapatillas.

Con todo bien colocado, mis CROSSLITE, mis COMPRESSPORT, mi camiseta GRIFONE con cremallera parece que está todo apunto, calentamos y las sensaciones son buenas.

La salida es un poco inesperada ¿pero si no han dicho ni el típico preparados, listos…? pero bueno supongo que todos lo estábamos. Desde mi punto de vista un claro error de la organización, nos lleva por otro camino que no nos lleva a ninguna parte. Aprovechamos para maldecir, jurar y coger un poco de aire mientras nos reagrupamos todos mirándonos sin saber qué hacer. Aquí es donde aparece Don Miguel Heras, todo un señor que pide calma al tiempo que da una solución. Algo muy diferente a lo que estábamos haciendo todos los demás. De modo que siguiendo sus sabias instrucciones nos dirigimos de nuevo a la salida al tiempo que vemos un coche que nos dirige hacia el buen camino.

Una vez encarrilados se vuelve a lanzar la carrera, en esta ocasión Javi Olabarria, yo detrás de él, las sensaciones son buenas y quiero estar en la cabeza, me siento cómodo ahí. Terminamos el primer tramo de bajada y comienza una subida, seguida de una media ladera para irnos a una subida bastante fuerte donde parece irse estirando el grupo.

Más o menos estamos los que pensaba, los marroquís, Miguel, Tòfol, Pedrito, y luego otro grupo con David, Alfredo, Iván, Iñigo, todo va más o menos normal, el ritmo no es exagerado y seguimos haciendo, en esta carrera lo duro viene de mitad en adelante.

En esa bajada de repente aparece Iván disparado, menudo ritmo pienso, él ya sabe lo que es ganar aquí, no me lo pienso y me voy detrás, ni miro a ver quien más viene.

Vamos muy rápido cuando se acaba la bajada y comienza la subida más dura, en este momento me da la impresión de que no va todo como debería, no me siento fuerte, como estos días de atrás, mi ritmo es inferior y poco a poco voy cediendo terreno.

Mis compañeros me van superando, todos animándome muy deportivamente, incluso Tófol me anima a que siga su ritmo, me sorprende a la vez que agradezco y respondo que la carrera es larga y más que se me va a hacer si no me repongo, pienso.

Encaro la cuesta más fuerte antes del largo descenso, el cruce de ríos no cesa, tengo los pies helados y al cuerpo cada vez más revuelto. Ahora es David el que me anima a no dejar su rueda, lo intento y sus gritos me llegan hondo pero no puedo.  Llego arriba deshecho, bebo, intento comer pero mi cuerpo no lo acepta, esto se nos está escapando Miguel…

La bajada cada vez es más lenta, mis piernas no me responden bien y me empiezan unos fuertes retortijones… aguanta Miguel aguanta… cuando me quise dar cuenta estaba detrás de un seto repoblando la tan quemada ladera que me separaba, cada vez más de conseguir el resultado esperado. Como si se tratara de un váter, en el que piensas en tus cosas intento cambiar mi actitud y afrontar que ¡hoy no es el día! Intento decir, bueno, pues disfruta pero cada retortijón me separa más de esta iniciativa.

Venga, termina y ya está Miguel, pero llevo ya seis paradas en el “excusado” y mi cuerpo está muy vacío. No es hasta la última subida donde no veo realmente el porqué había llegado hasta allí, para compartir esos últimos kilómetros con la gente, que dentro de su sufrimiento tienen un aliento para consolarme, animarme y apoyarme.

Llego andando a la meta, detrás de las dos primeras chicas, sin perder la positividad que me fue trasmitiendo todo el mundo a su paso. No era para nada el resultado que me esperaba ni al que aspiraba, pero si puedo decir que me ha hecho valorar las grandes personas que formamos este reducido grupo de los corredores de montaña.

Muchísimas gracias a todos por vuestros ánimos, vuestras palmadas en la espalda cuando las cosas no salen y vuestra actitud. Gracias de corazón, me hicisteis sentir enormemente afortunado.

También mis disculpas por no poder estar en la entrega pero estaba fatal.

Y ahora ya recuperados de las 11 horas de viaje y con sales repuestas, miramos hacia delante: Zegama. Está ahí al lado, otra gran fiesta y seguro saldrá una gran carrera.

Miguel Caballero