BEHOBIA-SAN SEBASTIÁN POR LAURA MILLÁN

Laura Millán participó el pasado domingo 9 de noviembre en la Media Maratón de Behobia-San Sebastián, ¡bonita carrera para realizar su début en esta distancia! Aquí nos narra en primera persona las sensaciones que tuvo durante el recorrido y lo tiene claro… esto sólo ha sido el principio, ¡repetirá!

BehobiaEl viernes día 7 de Noviembre a las 21:00h llegamos en coche a San Sebastián tras un trayecto de casi 6 horas desde Barcelona. Pero mi viaje empezó hace un mes cuando, en una cena con amigas, me plantearon la posibilidad de ir a realizar la Media Maratón de Behobia-San Sebastián ya que había una de ellas que no podía ir y vendía el dorsal. Hasta ahora mis carreras no habían pasado de 10km y, aunque me hacía ilusión dar el salto desde hacía tiempo, siempre me ponía excusas para posponer esa primera Media.

Así que como fue todo tan rodado pensé que quizás ésta era la oportunidad que esperaba y era ella la que llegaba a mí. Con mis reservas y miedos, pero con ese punto de desafío, dije que sí y me propuse entrenarme para poder llegar dignamente a la meta, pues sólo tenía un mes para prepararla física y mentalmente.

El tiempo transcurrió muy rápido y volando me encontré metiendo mi maleta en el maletero de camino a mi destino. El fin de semana de la carrera ya había llegado.

En el coche íbamos cinco, pero sólo para mí era la primera Media Maratón, allí me encontraría con muchos más amigos, todos me animaban y me decían que tranquila, que estaba preparada para el reto, pero como todo en la vida, la experiencia de los demás no sirve, así que yo seguía pensando en cómo sería esa primera vez.

Días antes miraba el trayecto para poder evaluar mis fuerzas y cómo dosificarlas a lo largo de la carrera. Cada uno se conoce y conoce sus limitaciones. Miré cómo plantearla, qué hacer, qué ponerme, el tiempo allí es una incógnita, lluvia, viento, sol, o todo a la vez, dónde estaban los avituallamientos, las subidas, los llanos, las bajadas…en fin, toda la teoría.

Al fin llegó el día y con él los nervios, aunque los había podido mantener a ralla, ahí estaban, una mezcla de miedo y euforia.

Nos levantamos pronto, me vestí, ya me había dejado la ropa preparada la noche anterior, me calcé mis K-Swiss y me preparé para iniciar la aventura. Desayunamos y nos fuimos a coger el tren. Éste iba lleno de corredores, de gente de todas las edades y nacionalidades y éste nos llevó hasta Irún y de ahí cogimos una lanzadera hasta Behobia, una organización espectacular en todo el recorrido, pensado al detalle.

Llegamos a nuestro cajón minutos antes de las 11’27, que era nuestra hora prevista de salida. Lucía el sol, había música, baile, nerviosismo, nos deseamos una buena carrera entre nosotros, un poco de calentamiento y sin pensarlo… 3, 2, 1… pisé el tatami y pulsé start en el cronómetro.

Tenía claro que los primeros 8 km eran de subida y debía ser cauta y reservar fuerzas para el final, donde seguramente las necesitaría. Empecé a un ritmo cómodo y fui sumando km. Hasta el km 9 todo fue muy bien, me sentía cómoda pues esas medidas ya las tenía por la mano, a pesar de la subida constante.

Empecé el km 12 pensando que sólo quedaban 8 pero sintiendo que empezaba a faltarme fuelle y en la subida del km 13 esto se hizo patente… otra vez subida. Me repetía una y otra vez: “no será fácil pero la recompensa valdrá la pena”. Y con esos pensamientos y los ánimos de la gente hicieron que ésta fuera más llevadera. Gente a ambos lados de la carretera y durante todo el recorrido, animando y acompañándote en los momentos más difíciles, eso siempre es de agradecer.

El 14 y el 15 fueron más llevaderos. Bebía en todos los avituallamientos un par de sorbos para recuperar lo perdido. Recuerdo que en el km 15 pensé…v amos, sólo quedan 5… ¡esto ya está!… ¡Ilusa de mí!

El km 17 me devolvió a la realidad con otra estupenda subida que creí que no se acababa nunca. Bebí en el último puesto y no sé si fue eso o que había aumentado el ritmo, pero un par de km antes de la meta me cogió flato. ¿Algo más?, pensé.

Hasta aquí fuimos las cuatro amigas juntas buscándonos de reojo durante todo el trayecto y asegurándonos que todas estábamos bien y eso fue también un gran apoyo a lo largo de la carrera, el sufrir juntas también ayuda y une, pero mi flato me hizo quedarme un poco rezagada.

Seguí adelante y cuando vi el “Restaurante Arzak”, vi la luz, pensé que ya llegaba la bajada y que la meta estaba ahí aunque aún no la veía. Me faltaba el aire pero las piernas respondían bien. En ese momento cerré la música y me dejé llevar por la gente. Fueron 2 km muy duros, nunca antes había hecho una tirada tan larga, lo máximo 17 km y en llano, y para mí estaba siendo una lucha interna constante, pero las ganas de acabar lo empezado y conseguir el reto podían sobre el dolor en el costado y la falta de fuelle.

Se fue incrementando el número de personas animando, era exponencial a medida que nos acercábamos a la meta. Oía el griterío de la gente, las palabras de apoyo y de ánimos, las pancartas y los mensajes en ellas y aunque mis piernas tiraban, respiraba cada vez con mayor dificultad, pero la gente acompañaba mis zancadas.

Llegué a la altura del Palacio de Congresos Kursaal y vi al final el reloj que me esperaba. Fijé mi mirada en él y me dejé transportar. Ahora soy consciente de que me movía con la inercia, con las ganas de conseguirlo, recordando los sacrificios hechos, los madrugones y las trasnochadas por salir a entrenar, las cosas a las que renuncias por conseguirlo, la gente que te ha acompañado, los amigos que te han animado, los que han creído y no han dudado que lo conseguirías, por mis hijos y por mí misma, por dar gracias de poder hacer lo que me gusta y disfrutarlo y, sin darme cuenta, empezaron a caer las lágrimas justo antes de cruzar la meta, lágrimas de emoción y de alegría por haberlo conseguido y allí es dónde me reencontré con mis amigas y entramos cogidas de la mano y nos fundimos en un abrazo entrañable. Fue realmente un momento mágico, algo inolvidable y que disfruté compartiendo. Sufrí, sufrí casi toda la carrera pero conseguirlo me llenó de satisfacción. Y aunque no iba a hacer tiempo lo conseguí en 1:58, por debajo de 2 horas… ¡qué más podía pedir!

He de decir que no lo hubiese conseguido sin la ayuda de mi amiga Bárbara, a la que le doy las gracias porque estuvo ahí, me hizo un planning de entrenos, me fue siguiendo y animando, corrigiendo y enseñando, guiando y aconsejando a lo largo de este mes y me dio la confianza y el empujoncito que necesitaba. Así que esta medalla de finisher es compartida… ¡mil gracias!

La experiencia fue dura y me vuelvo a repetir a mí misma que no fue fácil pero verifiqué que la recompensa realmente ¡valió la pena!

Vuelvo a casa contenta, satisfecha y con mi primera medalla… pensando en el siguiente reto y muy agradecida al pueblo vasco y a esa preciosa ciudad de San Sebastián. Recomiendo a todo aquel que no la haya hecho, que no se lo piense y la apunte en el calendario para el 2015. ¡Allí nos veremos Behobia-San Sebastián 2015!

Behobia-San Sebastián: http://www.behobia-sansebastian.com/2014/carrera/index.php