PIERRA MENTA, EL DAKAR BLANCO

Para muchos esquiadores de montaña, la Pierra Menta simboliza la gran carrera que hay que hacer por lo menos una vez en la vida; para algunos el principal reto de la temporada invernal, para otros una tradición que hay que repetir anualmente… Todos ellos se reúnen por equipos de dos, la segunda semana de marzo de cada año, para dejarse llevar durante 4 días seguidos por sus más de 10.000 metros de desnivel positivo por las laderas abruptas y boscosas del Beaufortain. ¿Alguien desea un reclamo mejor?

El primer hándicap que se encuentra en este peculiar Dakar de las nieves es la inscripción. Tan sólo 200 equipos optan a ella tras haber pasado una criba de currículo deportivo, prueba médica, orden estricto de adhesión y, lógicamente, haber pagado los casi 600 euros que cuesta la carrera. Para ello, es necesario una experiencia previa de 2-3 años en competiciones de esquí de montaña y una preparación casi exhaustiva para garantizarse, como mínimo, poderla finalizar. Como en todas las carreras, estas variables oscilarán proporcionalmente al nivel de pretensiones que se deseen alcanzar, pero un mínimo de 40.000 metros positivos previos, un nivel medio-alto de bajada, un equipo de travesía lo más ligero posible y una muy buena relación con el coequipier son ingredientes imprescindibles para participar en la Pierra Menta.

Dicen que la Pierra Menta la empieza un equipo y la acaban un par de amigos, y es del todo cierto. Durante 4 días ocurren todo tipo de vicisitudes: la variabilidad de la forma física, caídas, rotura de material, pájaras, insolaciones, problemas con las pieles, congestiones en los tramos técnicos para los que hay que estar preparados, o como mínimo, dispuestos a superarlos con la unión y entendimiento del equipo. Hay momentos buenos y malos para ambos, y en saberlos compartir reside parte del éxito. No se trata de ser más fuerte que el compañero, sino de gestionar la fuerza común, ya sea con las ya famosas gomas, con los fantásticos powergel compartidos, llevando dos pares de esquís en los tramos a pie o sencillamente diciéndole a tu compañero que es el puto amo cada cinco minutos. 

A destacar también que durante los 4 días estaremos en todo momento animados por un gran público que no se cansa de subir hasta las más altas cotas para jalearnos con sus gritos, tambores y campanas, y que si tenemos la suerte de subir con buena meteorología al Grand Mont en la etapa reina, nos sentiremos como un ciclista del Tour en la subida a Alpe d’Huez, recorriendo ese pasillo hacia la gloria de la cima acompañados de nuestras lágrimas y del gentío, un camino que es imposible de definir si no se ha recorrido con un dorsal y unos esquís bajo tus pies.

Venir de público es otra excelente opción para disfrutar durante cuatro días de infinidad de huellas abiertas, animar a nuestros amigos o familiares, deleitarnos con el vino chaude y peleón de la región y su queso Beaufort, recorrer parte del itinerario de la carrera para hacernos una ligera idea de su grandeza y vivir la gran fiesta del esquí de montaña con unas vistas impagables.

La Pierra Menta es el campeonato del mundo oficioso de esquí de montaña, pero a su vez la referencia en la cual se fijan o se debieran fijar todas las otras carreras. Si bien comparte la hegemonía de la santísima trinidad del “esquí sin forfait” junto con la Patrouille des Glaciers, el Trofeo Mezzalama y últimamente el Tour du Rutor, para mí no existe otra igual. Sé que mi opinión no resultará objetiva porque soy un incondicional de la Pierra, pero me gusta imaginarme que año tras año y huella tras huella gana más adeptos como yo.

No hay que olvidar que en la carrera confluyen desde los mejores esquiadores del momento a nivel mundial, que van a cuchillo desde el primer segundo, hasta el esquiador amateur que únicamente lucha contra su particular crono, el de salir airoso del corte de tiempo. Hay que saber diferenciar, aunque todos salgan a la misma hora y esquíen los mismos metros cada día. En el primer caso, los que van a ganar suben a una media de 1.500 m/hora, apenas beben medio litro de líquido en carrera y acumulan más de 150.000 m cada año. Mientras que en el segundo caso, tienen que tratar de mantener una media de 700 m/hora para que no les atrape el equipo escoba, se beben más de 2 litros de su camelback y todo lo que puedan “limosnear” al público y al acabar la Pierra ya no quieren acumular ni un metro de nieve más… A mi modo de ver las cosas y aunque con esto me gane mis enemistades, cogiendo como referencia la clasificación final, existen tres tipos de corredores: del equipo 1 al 20 de la general son la élite, del 20 al 80 son el pueblo, y del 80 al 200 son el folklore.

Por experiencia y sin haber pisado ni acercarme a ese podio que sólo alcanzan los dioses del Olimpo blanco, puedo comentaros que la Pierra se disfruta y se sufre por igual desde las tres categorías, y que en todas ellas te apoya el numeroso público en todo momento y te sientes el hombre o mujer más feliz del mundo al cruzar la meta el último día. Como diría un amigo mío habitual de la carrera, la única diferencia son las “unidades de potencia” particulares e insustituibles de cada esquiador; lo demás, ¡todo parecido! 

Saber hidratarse y comer bien durante las 3-4 horas que dura de media cada etapa es esencial para no sucumbir al hombre del mazo, que cuando menos te lo esperas aparece para hacerte más epopéyica tu existencia en la carrera. De igual manera, desayunar, comer y cenar de manera adecuada y equilibrada es la gasolina necesaria para esta larga carrera. No os preocupéis porque en Le Chornais se come como en casa y encima no te hacen lavar los platos. Otra rutina que es aconsejable no perderse son los masajes que se ofrecen a todos los corredores cada tarde y que ayudan a recuperar la fortaleza de las piernas y a preparar la siesta diaria, sin la cual, y esto lo tengo clarísimo, sería imposible mentalmente despertase ¡a las cinco de la mañana cada día! Y claro, aunque la semana anterior hayamos ido al Decathlon a hacer una compra compulsiva de geles, carbohidratos, pasteles energéticos, sales minerales, aminoácidos ramificados por parte de padre de todos los colores y sabores, no nos podemos olvidar del mejor recuperador que existe: una buena cerveza a presión tan sólo acabar la etapa en el refrigerio que nos ofrecen a la llegada. ¿O acaso os pensáis que con 600 euros de inscripción las cervezas no entraban?

Hay muchas más cosas que hacen de la Pierra una carrera única. Yo destacaría para empezar sus cuatro días consecutivos de competición al más alto nivel, pues en los Pirineos la mayoría de las carreras suelen durar una mañana o, como mucho, un par de días. Aquí cada etapa es un etapón infinito de subidas y bajadas imposible de ver en nuestras latitudes. Sólo una etapa de la Pierra, con sus más de 2.500 m positivos, es más dura que la mayoría de las carreras que se hacen en los Pirineos. ¡Imaginaros 4 jornadas! Y todo esto sin contar los recorridos, que indistintamente de las condiciones del tiempo y de la nieve, siempre estarán garantizados con doble o triple huella de subida, bajadas salvajes por el bosque, subidas por unos zigzags de leyenda, aristas vertiginosas pero seguras, bajadas por estrechas canales y amplias palas con todo tipo de nieve. Todo ello con la atenta mirada del macizo del Mont Blanc y de la Aguja de la Pierra Menta como atalaya, que da nombre a esta mítica competición. Esquí de montaña en pura esencia, con escasos metros recorridos por pista y multitud de transiciones de todo tipo.

La historia de la Pierra Menta en sus más de 30 ediciones está formada por todos los corredores, organizadores, trazadores, voluntarios y público que la han configurado. Miles de anécdotas y momentos que se perderán en el tiempo, más allá de la puerta Tannhäuser, y de los que me gustaría nombrar algunos de los más destacados bajo mi criterio: las 10 victorias absolutas del mítico Fabio Meraldi; las 6 Pierra Menta que corrió y acabó Pierre Butin, la última de ellas con 69 años; la participación de las leyendas del alpinismo en los años 90 como Catherine Destivelle, Christophe Profit y Patrick Gabarrou; las 21 Pierra acabadas de Guillaume Prin; la ambición de Laetitia Roux, que cuenta sus participaciones con victorias; las hermanas Claudine y Sylvie Trecourt, que marcaron una época del esquí de montaña femenino; la clase de Stéphane Brosse; las lágrimas de Pierre Gignoux y Guido Giacomelli, tras años y años de quedar segundos; la sonrisa eterna de Andoni Areizaga, que tantas huellas abrió en el Beaufortain; y lógicamente, a los fenómenos de Kilian Jornet y Mireia Miró por demostrar que aprendiendo a esquiar en los Pirineos se puede llegar a ganar en repetidas ocasiones la carrera más famosa del esquí de montaña.

Sin lugar a dudas, la Pierra Menta es más que una carrera. Es una tradición, una gran familia, una región, un sentimiento y una manera especial de entender este deporte, que año tras año y sin darnos cuenta, está perdiendo la esencia con la que en el lejano año 1986 empezaron a deslizar los esquís en las laderas del Grand Mont. Por eso, mientras exista la Pierra perdurará la esencia del esquí-alpinismo en su máxima expresión.  

Jusqu’à l’année prochaine Arêches-Beaufort 🙂

Joan Maria Vendrell

Fotografía de Jocelyn Chavy